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Martín Di Nenno, volver a caminar para tocar la gloria

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La historia arranca en Argentina. Allá por el año 1997, nace en la ciudad de Ezeiza Martín Di Nenno. De los pocos que se iniciaron con el pádel, cuentan que traía el talento innato para el deporte de la pala desde la cuna.

Así, fue abriéndose paso desde los 6 años en su etapa de menores. El club de su padre Marcelo fue testigo de un ascenso que iba quemando etapas a la velocidad de la luz, hasta el punto de competir con 8 ya en campeonatos nacionales contra gente de sub 14.

La leyenda de los ‘Superpibes’

El chico se curtía en las pistas de cemento, hasta que a los 9 años empezó a jugar con Franco Stupaczuk. Los padres, que se conocían tiempo atrás, vieron que la dupla podría cuadrar, y vaya si acertaron.

Juntos, marcaron una etapa y revolucionaron Argentina. La leyenda de los ‘Superpibes’ se forjaba en cada torneo ganado, y la comparación con Bela y Juan Martín crecía. El relevo de la prolífica cantera albiceleste estaba asegurado.

Mundiales, panamericanos, nada se le resistía al binomio de moda. Con la vista puesta en Europa, llegaron a hacer una primera aproximación para probar en World Padel Tour en 2015, cuando apenas contaban con 18 y 19 años respectivamente.

Volver a nacer

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Sin embargo, el 11 de enero de 2016, todo cambió. De camino al aeropuerto para una exhibición en Paraguay, un brutal accidente puso su mundo patas arriba. En el coche viajaban Elías Estrella, otra gran promesa del pádel argentino, y Hernán Rodríguez, amigo de Martín. Ninguno de los 2 pudo sobrevivir.

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El único que salvó la vida fue Di Nenno, pero no sin consecuencias. Fractura de las dos piernas y poca certeza médica de si podría volver a caminar con normalidad.

Reset desde el punto cero. Pero la vida le había dado una segunda oportunidad, y él iba a poner todo de su parte para aprovecharla. Muchas horas de pádel luchando por un sueño como para arrojar la toalla ahora.

Pese a eso, el chico de Ezeiza recuerda lo duro que fue al principio: “Estuve 3 meses sin caminar. Era como un bebé de 18 años, me tenían que ayudar para todo porque no podía valerme por mí mismo”.

A poco que pudo, se puso manos a la obra. Siete meses después del accidente, se marchó dirección a La Plata de la mano de Seba Mocoroa para seguir con la recuperación y empezar a pelotear. Una vuelta la vida, a su vida en el 20×10.

Foto: Martín durante su recuperación
Foto: Martín durante su recuperación

Transición y punto de inflexión

2017 y 2018 fueron años utilizados como banco de pruebas y recuperación de sensaciones. Compartió pista con Lucas Campagnolo y con su amigo Juan Manuel Restivo, a los que tuve la suerte de ver durante una previa en el Open de Sevilla.

Recuerdo nítidamente aquella tarde de septiembre. Todo el mundo se asomaba a la Central del Club de Campo La Motilla (Dos Hermanas), para ver y hablar de la historia de un chico que había tenido que aprender a caminar por segunda vez.

En 2019 llegó el punto de inflexión en su carrera. Martín, que había vuelto a Argentina y no contaba con muchos puntos en el ranking de World Padel Tour, recibió la llamada del cordobés Javi Garrido.

Juntos, arrancaron desde la previa y dejaron torneos para el recuerdo, como aquellas semifinales en Alicante ante Bela y Lima. El drive argentino destapaba el tarro de las esencias y abría la puerta a la esperanza, dejando pinceladas de lo que estaba por llegar.

Tras completar un gran año, Agustín Gómez Silingo lo invita a jugar en 2020. Di Nenno acepta el reto y le da una vuelta de tuerca más a su pádel. Pisan rondas finales de manera habitual y dejan victorias de mucho mérito, como una ante Sanyo, que lo bautizó después de la derrota como un talento generacional.

Tan bien lo hizo, que acabó el curso pasado de la mano de Maxi Sánchez, todo un número uno del mundo, con el que jugó su primer Master Final.

La élite le reclama

Hasta que en este 2021 le llegó la prueba definitiva. Paquito Navarro, probablemente el hombre más carismático del pádel, llamaba a su puerta para unir caminos en 2021.

El reto, con Rodri Ovide a los mandos, era mayúsculo. Martín lo aceptó con toda la convicción, sabiendo que era su momento. El nivel de exigencia subía exponencialmente, y con eso tuvieron que lidiar al principio.

No fueron pocas las voces que apuntaron a un error manifiesto de Paquito en la elección, pero el sevillano lo tenía claro: “Es un jugador distinto, tiene el gen de número uno y creo que lo va a ser”.

Con la resiliencia que le caracteriza, Martín agachó la cabeza ante la crítica y siguió picando piedra en la sombra para pulir aspectos de su juego con la dedicación de un orfebre.

En Vigo, el contexto cambia. Liberados de presión y con una sonrisa, la pareja hispano argentina empieza a fluir en la pista. La conexión fuera de ella es total, algo que ayuda a crear la base tan sólida que disfrutamos hoy día.

Así, empiezan a llegar las primeras finales, que se escapan por circunstancias, pero ellos siguen intentándolo con tesón.

El círculo se cierra

Hasta que, el 19 septiembre y en el majestuoso Palau Sant Jordi delante de más de 5.000 personas, consiguen el entorchado más especial que se recuerda. Ante sus amigos Tello y Chingotto en la mejor final del año, y con Paquito como cómplice perfecto, Martín cierra el círculo.

Cinco años y nueve meses han pasado desde el punto cero, aquel accidente que le cambió la vida.

Paquito y Di Nenno campeones del Master de Barcelona 2021
Paquito y Di Nenno campeones del Master de Barcelona 2021

Tras acabar el partido, dos momentos destacan por encima del resto. El primero, una frase para la historia: Yo lo único que quería era volver a jugar al pádel. El segundo, en el banquillo, cuando mira emocionado sus dos piernas. Esas que le han acompañado en el camino, con la carga brutal de simbolismo que ello conlleva y que te llega al corazón.

El drive argentino sólo quería jugar al pádel, pero en la meta encontró un reconocimiento tremendo de la comunidad, algo tan emotivo como justo.

Porque la historia de superación de Martín es conmovedora, un canto a la vida.

El ave fénix de Ezeiza ha llegado para quedarse.

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